Shirukuni, un sueño hecho realidad

Después de algunos meses escribiendo en este blog y hablando de Shirukuni, ha llegado la hora de la verdad. Ha llegado la hora de salir a la palestra y de afrontar mis miedos escénicos.

Hace algo más de un año comencé a escribir esta saga y, el viernes 6 de octubre, sale a la venta. Y por cierto, puedes leer la primera reseña del libro, escrita por La lectora de libros. En principio, iba a haber sido publicado en mayo; pero justo antes de hacerlo, me contactó una editorial para editarlo en papel. Así que la cosa se alargó hasta septiembre. Por desgracia, en el último momento, la editorial se ha echado para atrás por una cuestión económica. Estas cosas pasan.

Lejos de deprimirme, dije, “bueno, pues lo saco ya en digital”. Y aquí estoy. Estos meses han servido para pulir y repulir el texto; y no solo para eso, también ha servido para sacar adelante este blog. Desde aquí, saludo a Ana González Duque por sus consejos, sin ellos habría estado más perdida que una cabra en un garaje.

 

 

Cuando empecé a escribir Shirukuni, salía de un largo kit-kat. Me explico. Siempre he sido una persona creativa y he necesitado una vía de escape: escribir, teatro, radio, costura, juegos de rol, dibujar, danza… ¡Lo que fuera! Cuando me llegó la maternidad todo quedó en standby. Dada mi situación en aquel momento, me quedé con mi hija y en paro. Los que hayan pasado por una situación así podrían imaginarse lo duro y gratificante al mismo tiempo que es entregarte 24 horas al día, todos los días, a cuidar a otra personita. Fue muy intenso y durante ese tiempo apenas tenía tiempo y energía para dedicarme a mis aficiones. Hasta que mi hija cumplió dos años y empezó la guardería. Fue entonces cuando toda esa creatividad dormida despertó. Me puse a escribir a saco, casi ocho horas diarias, cinco días a la semana. Y el resto del tiempo procuraba ir revisando, perfilando tramas y personajes y dando muchas, muchas vueltas al coco. En poco más de un mes tuve listo el primer borrador de Shirukuni vol.1 El resurgir de la sangre.

Después llegó la dura labor de corregir, y revisar, y editar, y corregir de nuevo… Mi primer lector fue mi marido, que ha colaborado conmigo en la creación de mundo, él se autodenomina “autor consorte”. Después mi padre, que se leyó el libro tres veces para intentar atrapar todos los gazapos. Y luego mi madre y mi hermana. Después Ana, la editora. No sé cuántas lecturas hubo en total y, hasta hace un par de semanas, he estado haciendo modificaciones.

Por otra parte, para mí una de las cosas más importantes era la portada. No quería una portada simplona y ninguna imagen de libre uso me convencía, ninguna captaba la esencia de Shirukuni. No quería el típico dibujo de la silueta recortada de un samurái; ni el típico casco samurái; ni la típica nuca de mujer japonesa con un complicado peinado. En resumen, no quería una portada que sirviera de portada a otros libros, quería una portada que se identificara con Shirukuni. Por esa razón busqué a una ilustradora cuyo estilo me parece precioso, Raquel C. Hita. Sé que es una inversión que no todo el mundo puede permitirse, pero de verdad, si podéis, valoradlo. La portada será la primera impresión que tengan vuestros lectores potenciales, y mejor que sea positiva, ¿no? Es una gasto que merece la pena. ¡Y los mapas! Más de lo mismo, mejor no os enseño los horribles mapas que dibujé con boli y plastidecors, porque me da vergüenza. Menos mal que Gina B. Serra los arregló y los dejó bien bonitos.

 

 

Sí, todo este tiempo me ha servido para aprender mucho y para comprender que aún me queda mucho camino por delante. No solo en lo referente a hacer literatura; sino en lo referente a darme a conocer como escritora porque, si nadie me conoce, ¿quién me va a leer? Así que si estás como estaba yo hace un año, con un libro recién escrito y con nula presencia en las redes, echa el freno. No es que yo sea una super estrella, para nada; pero considero que es bueno dejar reposar el texto, esperar un tiempo, releer, pulir, refinar, buscar lectores cero e ir intentando hacerse un hueco en las redes. No tengas prisa en ir corriendo buscando editoriales o haciendo spam en Twitter, asegúrate antes de que tu contenido es lo mejor posible.

Pero, ¿qué es Shirukuni? Por una parte, es mi hijito literario, así que le tengo mucho cariño (sí, me falta plantar un árbol, pero la jardinería se me da fatal). Shirukuni empezó con una partida de rol, y ha crecido tanto que ni me lo creo. Algunos personajes, como Hikari, Katsu o Yaeko, llevan muchos años conmigo compartiendo aventuras a golpe de dados. Otros son nuevos y nacieron de diversas fuentes de inspiración, como el amable e inteligente Hideaki. Podría definirla como una historia de samuráis o una novela de fantasía; aunque el concepto “katana y brujería” creo que ayuda a definir a la perfección Shirukuni. Es, sin duda, el libro que me hubiera gustado leer. Ha sido un placer escribirlo, pero no voy a mentir, también ha habido momentos duros de dudas y quebraderos de cabeza. Pese a todo, jamás he dudado en llegar hasta el final y tengo claro que publicaré los tres volúmenes (el primer borrador del segundo ya casi está listo). Pásate por aquí para saber más sobre la sinopsis, que me enrollo como las persianas.

Como dije al comienzo de este post especial, ha llegado la hora de la verdad. Porque los escritores, ocultos tras un cuaderno o un ordenador, nos exponermos como se expone un actor en el escenario. Ponemos un trocito de nuestro corazón, de nuestra alma, en cada texto; desde los pequeños microrrelatos hasta las grandes sagas literarias. Y al mostrarnos de una manera tan abierta al mundo, corremos el riesgo de ser juzgados; de no gustar, de que critiquen nuestra obra o a nosotros. Así que hoy, a un día de publicar Shirukuni vol.1 El resurgir de la sangre, me siento un poco valiente. De corazón espero que, si te animas y te unes a esta aventura llena de magia, katanas y oscuridad, la disfrutes, pues para eso la he escrito. ¿Dónde puedes leerlo? Echa un ojo aquí. Muchas gracias por estar al otro lado, por acompañarme, semana a semana, en La sombra del Kitsune.

 

 

Toda su vida había esperando ese momento. Desde pequeñita había querido ser actriz, “mamá, yo quiero ser actriz”, decía una y otra vez. Pero no quería ser actriz por la fama y el glamour; sino porque amaba el teatro, aquellas tablas de madera en las que podía vivir mil vidas distintas; sentir mil corazones latir en el pecho; y hacer suyos los pensamientos y las palabras escritas en un trozo de papel. Aquella era la noche del gran estreno, tenía un papel pequeño, pero bonito.

La función comenzó, ella saldría a interpretar su papel en el segundo acto. El resto de actores entraban y salían, respiraban hondo, hacían ejercicios de dicción  se iban a un rincón para concentrarse en lo que debían hacer. Hasta que llegó su turno y salió a escena. La potente luz blanca de un foco la cejó, su compañero la miraba esperando su intervención. Entonces miró al público aunque el director le había advertido de que no debía romper la cuarta pared. No eran más que cabezas recortadas en las sombras y no pudo distinguir más que los rostros de la primera fila. Se quedó paralizada y se sintió incapaz de articular palabra. Se había quedado en blanco.

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