Yamabushi, los guerreros ocultos de las montañas

Hoy volvemos a zambullirnos en el folclore japonés, si hace unas semanas hablábamos de los onmyoji, ahora hablamos de los yamabushi (literalmente “el que se oculta en las montañas”), con quienes guardan ciertas similitudes. Ambas figuras están vinculadas con la magia y poderes místicos asociados al budismo y se les atribuyeron poderes sobrenaturales. Si quieres conocer a los onmyoji, no dejes de leer mi artículo sobre ellos y sobre Abe no Seimei. Me sentí especialmente atraída por los misteriosos yamabushi y decidí bautizar así a los magos de Shirukuni; aunque es cierto que mis yamabushi son bastante diferentes a los originales, dentro de la historia del mundo, en el pasado, los yamabushi sí guardaron ciertas similitudes con los reales. Pero vamos por partes.

La importancia del contexto histórico

A diferencia de los onmyoji, cuyas doctrinas llegaron a través del China con el budismo zen; la figura del yamabushi es puramente japonesa y existe desde antes de la aparición del budismo, aunque más tarde estos monjes asumieran esas creencias. Es por este motivo por el que no encontramos yamabushi en otros países como China o la India. Su origen se remonta a los ubasoku, chamanes que vivían en las montañas y practicaban rituales sintoistas y taoistas antes de la llegada del budismo. El monje más conocido y que mezcló estas prácticas con el budismo, creando una nueva doctrina llamada Shugendo que siguieron los yamabushi, fue En no Gyoja, del que hablaré un poco más adelante. Al igual que ocurre con Abe no Seimei, En no Gyoja es considerado una especie de Merlín japonés.

 

Pero no podemos analizar y conocer a los ubasoku ni a los yamabushi sin dar al menos unas pinceladas al contexto histórico en el que vivieron. Hablamos del Periodo Yamato, tradicionalmente ubicado entre los años 250 y 710), aunque actualmente ha habido discrepancias al respecto pues existe la teoría de que la supremacía de la provincia Yamato llegó más tarde. Yamato fue el nombre que recibió gran parte del territorio de Japón, que aún no estaba unificado como un solo reino. La corte imperial se ubicaba en la prefectura de Yamato (actual prefectura de Nara). Hubo grandes intentos de Yamato por establecer relaciones igualitarias con la dinastía Tang de China y con Corea y la influencia de ambos países en Japón es evidente, pues no dudaron en imitar su arquitectura, sus políticas, su caligrafía y, por supuesto, su religión. Hasta el momento, Japón había sido dominado por el shintoismo, por lo que la población veneraba a un un sinfín de kami o divinidades locales. A comienzos del siglo VI llegó el budismo, y fue bien aceptado por los dirigentes, pues la nueva fe, centrada en la figura de Buda, podía llevar cierta unidad al territorio. Y así fue. No obstante, una religión no sustituyó a la otra, sino que ambas convivieron sin problemas. Es en este momento cuando los ubasoku se convirtieron progresivamente en yamabushi. Al incorporar el budismo místico a su pensamiento y filosofía, su manera de vivir y luchar cambiaron. Y fue En no Gyoja el principal precursor de este cambio; pero no el único, otros monjes pasaron a la historia por esta labor, como el ubasoku Kobo Daishi, que incorporó la doctrina tántrica de la India fundando la religión Shingon en el siglo VIII.

En no Gyoja y la nueva doctrina

Llegados a este punto, podemos definir a los yamabushi como unos eremitas budistas originarios de Japón y seguidores del Shugendo. Resumiendo mucho, el objetivo de esta práctica mística-espiritual es conseguir la iluminación, la paz interior y la felicidad a través del ascetismo. Shugendo significa literalmente “el camino al poder espiritual a través de la disciplina”. Los seguidores del Shugendo reciben dos nombres, por una parte, son llamados “shugenja” (persona que se entrena y prueba); y por otra, “yamabushi”. También reciben en ocasiones los nombres de “kenja” y “kenza” y en ocasiones aparecen relacionados con los tengu, de los que hablé en este artículo. Si eres aficionado a los juegos de rol quizá el te suene el término “shugenja”, pues así como se llaman los magos del juego de rol y de cartas Leyenda de los Cinco Anillos.

Los yamabushi ganaron fama e influencia en torno al s.VIII y la historia atribuye gran parte del mérito a En no Gyoja. A diferencia del onmyoji Abe no Seimei, hay poca información sobre la biografía de En no Gyoja y es difícil conocer su verdadera historia. Aun así, si viajamos a Japón, nos encontraremos con numerosas estatuas en su honor.

Sabemos de él que también fue llamado En no Ozunu y nació en el año 634 en Katsuragi (ubicado en la actual Perfectura de Nara). En el 699 fue desterrado de la corte Imperial. Pero, ¿por qué fue desterrado? Al parecer, otro miembro de la corte envidiaba su poder y su influencia, por lo que lo acusó de brujería y de invocar demonios para su propio beneficio. Según los rumores de la corte, “Ozunu fue capaz de manipular los espíritus demoníacos, haciéndoles sacar agua y recoger leña, y cuando los desobedecieron, los ató con brujería”. A pesar de esos rumores malintencionados, el Emperador seguía valorando sus conocimientos como médico y, por ese motivo, uno de sus discípulos asumió el cargo de Primer Boticario.

Pero ante todo, En no Gyoja es considerado el fundador de Shugendō, unió aspectos del taoísmo, del sintoísmo y del budismo esotérico (especialmente Shingon Mikkyō y de la secta Tendai) con chamanismo japonés tradicional. Y por cierto, si has visto el famoso anime Naruto, te habrás encontrado con un personaje llamado En no Gyoja Tsuchigumo, aunque es un poco diferente del histórico. También puedes encontrar yamabushi en la novela El guerrero a la sombra del cerezo, de David B. Gil, libro que te recomiendo; aparecen brevemente, pero muy bien retratados.

Los yamabushi, monjes hechos para la guerra

Por el momento podemos visualizar a los yamabushi como unos monjes que buscan la iluminación retirándose a las montañas y entrando en comunión con la naturaleza; pero eran mucho más y, durante sus retiros, desarrollaron grandes habilidades en el campo de las artes marciales, conviertiéndose, en muchas ocasiones, en guerreros implacables. Hay dos posibles motivos por los cuales se decidieron a aprender estas artes. En primer lugar, no cabe duda que, en su aislamiento, tendrían que defenderse de bandidos o samuráis que los atacaran. Y, por otra parte, también se valían de ese aprendizaje para alcanzar esa paz espiritual tan anhelada. Muchos de estos monjes lucharon en ejércitos de samuráis empleando el yumi (arco largo), daisho (katana y wakazashi) y naginata. También es sabido que han colaborado con los shinobi o ninja, haciendo uso de sus habilidades sigilosas. Sin duda, sus duros entrenamientos en la montaña, resistiendo el curso de las estaciones y sin las comodidades de la civilización, hicieron de los yamabushi guerreros sumamente resistentes a la fatiga y al dolor.

Sea como fuera, la cuestión es que los yamabushi se convirtieron en unos monjes guerreros de lo más eficaces, de modo que, lejos de mantenerse aislados, muchos ejercieron una gran influencia en la historia de Japón. Poco a poco, algunos de ellos obtuvieron importantes cargos en la corte imperial y en los siglos XIII y XIV habían creado ejércitos llamados “konsha”. Estos ejércitos fueron clave en el enfrentamiento entre el Emperador Go-Daigo y el Shogun Kamakura.

Más tarde, durante el Periodo Sengoku, tomaron partido en numerosas batallas, apoyando al daimyo Takeda Shingen y a Oda Nobunaga y, más tarde, a Tokugawa Ieyasu.

A día de hoy, se cree que hay unos diez mil yamabushi en Japón, aunque es difícil contabilizar a los que viven aislados en las montañas, pues no es fácil acercarse a ellos.

Mi visión personal

Por mi parte, diré que los yamabushi de Shirukuni tienen su origen en las montañas, por eso me decanté por ese nombre. Al crear el mundo decidí que el poder mágico viniera dado por los dioses, por lo que estos hechiceros nacen con el don de comunicarse con los espíritus elementales de la naturaleza (aire, tierra, agua, fuego y vacío). No viven aislados, sino que a lo largo de los siglos se integraron en la sociedad de los samuráis y son considerados como tales. Es decir, dentro de la casta samurái, hay algunos que, por herencia genética, nacen con el don de comunicarse con los elementos. De todos los yamabushi que puedan existir en Shirukuni, tan sólo unos pocos son elegidos para aprender los secretos del vacío; estos yamabushi son los onmyoji.

Y hasta aquí mi aportación sobre los yamabushi, espero que te haya gustado. Como postre, te dejo la nueva escena del Proyecto Kitsune. Muchas gracias por leer, no olvides suscribirte al blog para no perderte ningún artículo.

El monje perdió la cuenta de las horas que había permanecido bajo la cascada, sintiendo sobre sus hombros el dolor y la fuerza del agua, su frío gélido penetrando en los huesos. Intentaba alejar su mente de aquel lugar, de aquellas sensaciones que harían desesperar al más aguerrido de los soldados. Solo ignorando la tortura autoimpuesta, podría alcanzar la iluminación y ser uno con la naturaleza, ser uno con el mundo. De pronto, algo lo sacó de su ensoñación. El estruendo incesante y atronador de la cascada hacían eco en su cabeza; pero hubiera jurado haber escuchado, en la distancia, el grito de terror de un niño pidiendo ayuda.

3 comentarios

  1. Este artículo me viene de perlas.

    Estaba buscando una sociedad para uno de mis reinos fronterizos en “Lágrimas de fuego” y me había surgido con la idea de una nación de estilo mongólico; sin embargo, el terreno en el que se encontraban era montañoso por lo que eran criadores de mulas, no de caballos, así que necesitaba una sociedad distinta.

    Y vas y apareces tú con el grupo de Facebook sobre worldbuilding y me doy una vuelta por tu bloy. Entonces, encuentro ESTO.

    Solo diré: “¡Oh, sí!”

    Mis ursavitas de la alta montaña ya tienen cultura. Además, la religión y la guerra estacional es muy importante en mi mundo y la idea de monjes guerreros le pega muy bien. Así que otro punto a favor de los yamabushi.

    Muchas gracias por escribir el artículo.

    1. Muchas gracias por tu comentario. Me alegro mucho de que te sea de utilidad. Los yamabushi son de lo más inspiradores, qué bien que tengan un hueco en tu mundo. Un saludo.

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