13 Asesinos, la nostalgia del samurái

Takeshi Miike es uno de los directores nipones más conocidos y queridos en nuestro país y, sin duda, uno de los más prolíficos de Japón. Y, por supuesto, toda una tradición en el Festival de Sitges. Su obra resulta de lo más dispar: desde clásicas historias de samuráis, como Seppuku, a auténticas locuras, como Zebraman. Hoy hablamos de un film perteneciente al primer grupo, 13 Asesinos, 2010. Se trata de un remake de un film homónimo dirigido por Kudo Eiichi en 1965.

13 Asesinos, un clásico samurái

Nos hallamos ante una clásica película de samuráis digna heredera del cine de Kurosawa; cosa que tendremos claro desde el primer minuto, en el que veremos un impecable seppuku.

La historia se desarrolla durante el Periodo Edo o el shogunato de Tokugawa. Durante esta etapa que duró más de doscientos años, un Japón unificado se aisló del mundo y vivió un largo periodo de paz bajo la dictadura de la dinastía Tokugawa. Hay que tener en cuenta que la casta samurái era una casta militar, los samuráis eran militares, guerreros, y como tales se preparaban para la guerra. De manera inevitable, muchos samuráis se sentían perdidos y extraños en una tierra en paz, añoraban la guerra y el camino de la espada. ¿Cuánto podía durar una clase guerrera con un dictador militar en un lugar en el que no había guerras con potencias extranjeras y los conflictos internos eran escasos? Esta cuestión se ve reflejada en los personajes de Shinzaemon (Yakusho Koji) y Hanbei (Ichimura Masachika), samuráis que, movidos por el honor y la lealtad, deben recordar lo que significa ser un samurái y llevarlo a la práctica. La posibilidad de morir luchando les hace sentir vivos.

Todo comienza cuando Naritsugu (Iganaki Goro), un pariente del Shogun, emprende un viaje tras el que se convertirá en consejero del Shogun. Sin embargo, Naritsugu es un hombre cruel y despiadado; un sádico dotado de demasiado poder (un Joffrey Baratheon de manual, vaya): viola, tortura, mutila, arrasa familias y disfruta con ello. Hay que ponerle freno y hay que hacerlo con discreción. En ese momento, entra en escena Shinzaemon, al que su daimyo y el propio Shogun le encomiendan la misión de acabar con Naritsugu durante el viaje. No será fácil, el perverso villano lleva una numerosa escolta. Shinzaemon logra reunir a un grupo de excelentes guerreros, nostálgicos de tiempos pasados en los que los samuráis podían encontrar una muerte honorable y gloriosa en el campo de batalla. El grupo, que consta con un total de doce hombres, traza un plan para acorralar a Naritsugu en una pequeña aldea. Por el camino, se encuentran con un extraño hombre y hábil luchador que se les une; él es el número trece. Este curioso y extraño personaje sembrará las dudas en el espectador que no sabrá si es un humano o un yokai. Gran parte del film se centra en esa emboscada en la aldea en la que tiene lugar una lucha encarnizada en la que Miike no ha ahorrado en litros y litros de sangre.

Por su parte, Hanbei, un antiguo amigo de Shinzaemon, es el general que lidera la escolta de Naritsugu, y aunque sabe que el señor al que sirve es un ser infame y despreciable, es su deber protegerle a toda costa. Hanbei y Shinzaemon son el icono de samurái por excelencia, lo que un samurái debe ser; con todo, resultan dos personajes muy distintos y, a la vez, similares.

Es imposible analizar a los otros doce asesinos en este post, pues todos ellos tienen su propia personalidad y su propia historia. Son hombres que desean sentirse samuráis en un momento en el que su casta está perdiendo su razón de ser y la mayoría están desentrenados. Como dice Shinzaemon a su pequeño grupo: “quien valora su vida morirá como un perro, me habéis confiando vuestras vidas y las sacrificaré a mi antojo”.

Crudeza y realismo

13 Asesinos nos transporta al Japón tradicional del Periodo Edo. Armas, vestuario y estilismo están cuidados con gran detalle, así que no te extrañes al ver a la esposa de un samurái con las cejas depiladas y los dietes teñidos de negro, pues era la moda y la costumbre entre las mujeres samurái que estuvieran casadas.

Hay escenas de un gran realismo y crudeza, Miike no tiene ningún reparo a la hora de mostrar miembros amputados y cadáveres ensangrentados. La película goza de un excelente nivel de producción, suele valerse de planos neutros convencionales, salvo en algunos planos de batalla, en los que hace uso de la cámara al hombro con el fin de resultar más realista y cercano.

La mujer

Ya sabéis que me gusta analizar el papel de la mujer en mis reseñas. Dada la naturaleza del film y la temática, es de esperar que la mujer esté relegada a un segundo plano: esposa o prostituta y, desde luego, víctima de las depravaciones masculinas. ¿Podría haber tenido más peso la mujer? Es posible, aunque soy consciente de que en las historias de este tipo es poco habitual sacar a las mujeres de los roles en los que están encasilladas.

Por supuesto te recomiendo ver 13 Asesinos, es un peliculón con unas fantásticas interpretaciones, un guión claro y una excelente dirección. No te aburrirás y, si quieres zambullirte en el cine de samuráis, esta es una buena forma de comenzar. Como siempre, te dejo el Proyecto Kitsune de esta semana. Si te ha gustado este post, suscríbete y comparte. Un saludo y hasta la próxima semana.

 

Siempre había vivido solo en el bosque, había perdido la cuenta de los días, de las semanas y de los años. Recorría el país evitando las aldeas y las caravanas de viajeros. La soledad no le entristecía, buscarla y anhelarla era su razón de ser, su naturaleza.

Un día, un estruendo llamó su atención. No pudo evitar sentir curiosidad y, trepando de árbol en árbol, corrió para averiguar qué había ocurrido. Encontró un grupo de hombres luchando entre ellos y los miró intrigado. Los guerreros desangraban, morían, mataban… La sangre cayendo a borbotones le fascinó y, por primera vez, deseo compañía, deseaba la compañía de aquellos asesinos…

 

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