Saludos desde La sombra del kitsune. Ha llegado la hora de hablar de los yurei, después de tres artículos dedicados a los yokai (acuáticos, femeninos y domésticos), vamos a centrarnos en los yurei. Los yurei son espectros, almas en pena que vagan por el mundo de los vivos porque tienen asuntos que resolver: romances fallidos, venganza, falta de un funeral adecuado… Son figuras silenciosas, pálidas y translúcidas, caminan sin pies, deslizándose y flotando sobre el suelo. Suelen estar vinculados al lugar en el que murieron y no lo abandonaran hasta ver satisfechas sus cuentas pendientes.

Por ejemplo, el funayurei es el fantasma de alguien que perdió la vida en el mar, es por ello que aparece en el mar intentado sumergir los barcos de los vivos; te hablé del funayurei en el Abecedario del Japón fantástico.

Yurei y yokai: diferencias

La línea que separa a los yokai de los yurei es fina y, a veces, difusa. Los yokai son monstruos, hay infinidad de ellos y de todo tipo; los yurei, en cambio, son el equivalente a nuestros fantasmas, son almas de difuntos que no han dejado este mundo. En este sentido, la principal diferencia entre yokai y yurei es que los primeros están vivos, aunque a veces se mueven en planos de la existencia distintos al nuestro y por eso no los vemos. La confusión viene cuando, al morir, una persona se transforma en un yokai por un motivo concreto, como es el caso de la ubume.

Una ubume es una mujer que fallece al dar a luz o estando encinta, siente que deja un importante deber pendiente, cuidar de su hijo, por eso su alma queda atada al mundo de los vivos. En ocasiones, su aspecto es más similar al de un yokai, ya que parece que está viva e interacciona con nosotros, y en otras es considerada un yurei.

Otro ejemplo en el que se produce esta confusión en la que no tenemos claro si la criatura es un yurei o un yokai, es el gaki. Si una persona es muy avariciosa en vida, corre el riesgo de convertirse en un gaki, una criatura que vaga por el mundo siempre hambrienta, siempre sedienta y, por más que coma y beba, nunca se sacia. El sufrimiento es constante.

Habitan en el Gakido, un reino espiritual similar al infierno, justo por encima del Jigoku. Mientras que en el Jigoku las almas perversas están prisioneras, el Gakido es abierto y los gaki se mueven con libertad. Existe una tradición budista llamada “Segaki” en la que se ofrece arroz y agua para calmar el tormento de los gaki. Igual que el caso de la ubume, el gaki aparece como un alma en pena o como un monstruo que sufre el castigo de su codicia en su vida anterior.

Onryo y Goryo: fantasmas vengativos

Los onryo han sido muy inspiradores para mi obra, si has leído Shirukuni vol. 1 El resurgir de la sangre habrás visto a los Onryojin, que podría traducirse por “la gente del onryo”. Los onryo son espíritus vengativos que regresan del purgatorio para vengarse por algún mal sufrido en vida.

Los goryo son similares a los onryo, pero se refieren sobre todo a espíritus de aristócratas que sufrieron martirio en vida. Las historias de los goryo fueron muy populares durante el Periodo Heian. Son muy destructivos y aparecen causando tornados y tifones.

Oiwa, la historia fantasmal más popular

Yotsuya Kaidan es sin duda el cuento de fantasmas más popular en Japón. Me resultan tan fascinantes estos cuentos al más puro estilo gótico que no pude evitar hacer una mención a la dama Oiwa en Shirukuni, donde el Magistrado Kaze no Hideaki narra como él y su amigo Sora no Mansai resolvieron ese misterioso suceso…

¿No conoces está famosa historia? Ahora te la cuento.

El origen es una obra de teatro kabuki, ha habido tantas adaptaciones teatrales, literarias y cinematográficas que podemos encontrar varias versiones. Por desgracia, tiene una base histórica y la obra de teatro original se inspiró en ella, causando un gran impacto en los espectadores de la época. En primer lugar, unos criados asesinaron a sus amos y pronto fueron ejecutados. En segundo lugar, un samurái descubre que su esposa le es infiel, por lo que la asesina a ella y a su amante, clava sus cuerpos en tablas de madera y los arroja al río.

La historia que ha llegado a nuestros días tiene por protagonistas a Iemon y Oiwa. Iemon es un ronin que asesina a su suegro, pues conoce algunos oscuros y vergonzosos secretos. Para sacar adelante a su esposa y a su bebé, Iemon se ve obligado a trabajar fabricando sombrillas. Esta precaria situación le lleva a odiar a su esposa. Entonces, Iemon planea casarse con la joven nieta de un vecino rico, para poder hacerlo sin inconvenientes, decide matar a su esposa poniendo veneno en su medicina. El veneno no la mata, pero si la desfigura, la mitad de sus rostro queda demacrado. Al ver su reflejo en un espejo queda consternada y muere por el dolor y la tristeza que supone haber sido traicionada. Un criado de Oiwa encuentra el cuerpo y Iemon aprovecha para acusarlo del asesinato, ejecuta al sirviente y clava los cuerpos de las dos victimas en tablas de madera y los tira al río.

Parece que todo le ha salido bien a Iemon, pero el día de la boda, cuando retira el velo de la novia, ve el rostro de Oiwa y la decapita. Con horror descubre que ha matado a su nueva esposa. Corre a su casa y ve el fantasma del criado, lo mata y después comprueba que en realidad era su nuevo suegro. Huye, pero el espíritu vengativo de Oiwa lo persigue a todas partes y lo lleva a la locura, incluso la ve en las lámparas. Finalmente, el hermano de Oiwa mata a Iemon vengando todos sus crímenes.

No puedo evitar acordarme de Medea al leer esta historia, no porque Oiwa me recuerde a Medea, sino porque el comportamiento de Iemon me recuerda al de Jasón, aunque el héroe griego no es tan cruel y macabro; en cualquier caso, lo de buscar nueva esposa no es lo mejor que pudieron hacer.

Espero que te haya gustado este post fantasmal, ¿conocías la historia de Oiwa? ¿Alguna versión distinta a esta que he contado? Muchas gracias por leer, nos vemos la próxima semana en La sombra del kitsune.

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