Entrevista a David B. Gil, un escritor a la sombra del cerezo

Sin duda, 2017 ha sido el año de El guerrero a la sombra del cerezo y de su autor, el gaditano David B. Gil. Por si no lo sabes, este libro fue finalista del Premio Lara y ganador del Premio Hislibris de Novela Histórica. A nivel personal, ha sido mi mejor lectura del año pasado, ¡mi libro del verano! Es una alegría encontrar una pluma (o pincel) como la de David B. Gil, tan llena de talento y tan enamorada de Japón (¡cómo yo!). Sé que he tardado mucho en hablar de esta obra en el blog, pero leía tantas reseñas que me preguntaba: “¿qué más puedo aportar?”. Al fin, me animé a proponer esta entrevista, la primera en La sombra del kitsune. Gracias, David, por aceptar la propuesta y ser mi invitado. De todos modos, sí hice una breve mención hace unas semanas en un post en el que hablé de tres novelas que te llevarán al Japón feudal, si quieres echar un vistazo, haz click aquí.

Para los que no conocéis esta novela, os hablaré un poco de ella. A grandes rasgos, es un fascinante relato histórico que tiene como telón de fondo el Japón feudal, en concreto el fin del Periodo Sengoku y el inicio del shogunato de Tokugawa. A través de sus personajes conocemos las costumbres de la época, las distintas castas (samurái, artesanos, shinobi, médicos, monjes…), la filosofía y mentalidad samurái, intrigas políticas, etc. No cabe duda de que la labor de documentación ha sido de lo más meticulosa. Pero El guerrero a la sombra del cerezo es mucho más, es una historia de venganza y redención.

Todo comienza con un cruento ataque a un castillo en el que el clan Ikeda es masacrado; solo el hijo menor, Seizo, sobrevive a la carnicería gracias a un leal samurái vasallo. Este lo pone a salvo, lo protege, lo instruye y lo prepara para la venganza, pues es derecho y deber de Seizo vengar a su familia. Por otra parte, seguimos a un peculiar médico, Ekei Inafune. Ekei tiene una importante misión que cumplir y se verá envuelto en peligrosas intrigas palaciegas. En el camino, nos encontramos con personajes maravillosos con su propia historia y carácter: el ronin Aseamon, la guerrera Yukie, la médico O-Ine, el maestro Kenzaburo o la costurera Aoi.

Y doy paso a David B. Gil para que nos hable de El guerrero a la sombra del cerezo y de su experiencia como escritor. Os aseguro que tiene muchas cosas interesantes que contarnos.

¿Qué te impulsó a convertirte en escritor? ¿Te esperabas tanto éxito?

Lo que me impulsó fue la necesidad de contar una historia que llevaba mucho tiempo en mi cabeza, que creo debería ser el motor de cualquier escritor. Creo que ese debería ser el motor de cualquier persona que quiera dedicarse a la escritura. Al final, convertirte en escritor es la consecuencia de satisfacer esa necesidad.

Respecto al éxito, cuando uno está escribiendo su primera novela ni siquiera sabe si le interesará a alguien más, así que mucho menos es capaz de pensar en términos de éxito o fracaso. Además, lo que entendemos por “éxito” es un concepto engañoso, porque depende poco de ti. ¿Publicar es un éxito? Hay novelas muy buenas que jamás se publican, mucho mejores que otras que están publicadas. ¿Vender mucho es un éxito? Es un éxito ilusorio, porque está sometido a mil factores que no controlamos: modas, apoyo de la editorial, conectar con determinado público… A veces es más cuestión de timing que de calidad literaria. Para mí, el éxito es conseguir rematar bien un manuscrito, y que los que lo lean (muchos o pocos) se sientan tocados por tu historia.

Cada vez somos más los que nos sentimos atraídos por Japón y, muy especialmente, por la figura del samurái. ¿A qué crees que se debe? ¿Qué tiene el Japón feudal que hace que resulte tan fascinante a los occidentales?

Siempre he dicho que el Japón feudal es un escenario literario perfecto, porque concentra en un espacio geográfico muy manejable un sinfín de elementos atractivos para el lector: conspiraciones políticas, batallas épicas, guerreros vagabundos, amores imposibles y matrimonios de conveniencia, revueltas sociales, religiosas, el misticismo subyacente… Y por supuesto, la figura del samurái, que es la romantización de una casta militar como ha habido pocas a lo largo de la historia.

Podría decirse que el Japón feudal siempre ha estado ahí, a la espera de que los escritores occidentales lo descubriéramos y lo explotáramos. En el pasado hubo unos pocos que ya lo hicieron, como James Clavell, pero es a raíz de la globalización (y la difusión internacional del manga y el anime) cuando toda una generación de occidentales ha entrado en contacto con la historia y cultura de Japón. Ahora los escritores de esa generación comienzan a publicar sus primeras obras, y esa influencia está muy presente en lo que escriben.

Te centras en un momento clave de la Historia de Japón, el final del Periodo Sengoku y el inicio de la Era Tokugawa. ¿Por qué te decidiste por esta etapa?

Era la época en la que mejor encajaba la historia que quería contar. El guerrero a la sombra del cerezo es una historia de cambio y transformación personal, y quería que ese cambio interno de los personajes fuera paralelo a una transformación del mundo que los rodea, y no hubo mayor punto de inflexión en el Japón antiguo que el paso de la era de los Estados en Guerra al periodo Edo, con la llegada de los occidentales y el ascenso de los Tokugawa, que trajeron dos siglos y medio de paz. Un personaje como el de Ekei Inafune, por ejemplo, un médico que emplea artes médicas aprendidas de los extranjeros, hubiera sido imposible en otro momento histórico.

La labor de documentación es evidente, ¿fue un trabajo arduo o, después de tanto tiempo leyendo y viendo películas del género, fluyó todo de manera natural?

La documentación fue una montaña muy dura de escalar. Es cierto que tenía una serie de conocimientos de base por ser un apasionado del periodo y por haber consumido ficción ambientada en aquella época desde la adolescencia, pero a la hora de sentarte a escribir descubres que son conocimientos muy genéricos. Quizás te sirvan para ubicar el trasfondo histórico, pero no te ayudan mucho con la narración. Para dotar de textura al relato y que el lector se sienta transportado a esa época, necesitas acudir al detalle, al costumbrismo, a una descripción fidedigna del paisaje cotidiano, y eso es algo que no encuentras en los manuales de Historia o en las biografías de personajes famosos. Al final tienes que acudir al folclore, preguntar a los propios japoneses, apoyarte en lo que han hecho otros autores y empaparte de las obras creadas en aquella misma época (ya fueran poesías, relatos épicos, diarios de viaje, grabados ukiyo-e…).

¿Cuál es el germen de El guerrero a la sombra del cerezo?

Difícil de decir. Supongo que todo parte de la cantidad de mangas de Kazuo Koike, películas de Akira Kurosawa y novelas de Eiji Yoshikawa y Mishima que me metí en la cabeza durante mi época de estudiante. Pero también de la tradición de la novela histórica de aventuras europea, desde Alejandro Dumas a autores más modernos como Ken Follet, o de obras de fantasía que utilizan el viaje iniciático, como El señor de los anillos. A la hora de escribir pones en juego las cosas que te apasionan, a veces de forma consciente, otras inconsciente.

El guerrero a la sombra del cerezo es una novela histórica, pero, ¿te has tomado alguna licencia en favor de la narración?

Cada vez que ha sido necesario para mejorar el relato. Siempre digo que, como autor de novela histórica, la parte que más me atañe es la de novela. El lector que quiera aprender Historia (con H mayúscula) debería acudir a los ensayos y los libros de texto. Eso no quiere decir que el libro no sea fiel a su contexto histórico; más bien al contrario, diría que el trasfondo mostrado está bastante apegado a la realidad de aquella época, sobre todo en la diversidad de ambientes recreados. Pero había elementos que, desde el punto de vista narrativo, me resultaban de interés, y los enfatizaba y les daba más relevancia de lo que probablemente tuvieran en realidad. Pero sin sacármelos de la manga.

Presentación de El guerrero a la sombra del cerezo en La casa del libro, Madrid

Sin duda, la venganza es el tema principal de la novela. Sin embargo, el concepto “venganza” no es tratado igual por los japoneses que por los europeos. ¿Puedes explicarnos esas diferencias y cómo te esforzaste en reflejarlas?

La venganza es el impulsor inicial del relato, pero creo que el tema central de la novela es la redención personal que tiene lugar cuando encontramos nuestro camino en la vida. Cómo hay ocasiones en que una persona, al cumplir con su deber y las imposiciones sociales, está actuando en realidad de forma incorrecta, provocando su propia infelicidad. Es aquí donde entra en juego el concepto de venganza japonés (muy diferente al occidental, como bien apuntas): para la casta samurái la venganza era un giri, un deber que te compromete más allá de la muerte, con leyes como el kataki-uchi que no solo legislaban el derecho, sino la obligación de cobrarse venganza. Para los occidentales, sin embargo, la venganza nace de un sentimiento de reparación, es una necesidad atávica más que un deber moral. Y ese es el elemento diferencial de la historia de Seizo Ikeda respecto a otros relatos de venganza: él se ve impelido a una venganza que no quiere llevar a cabo, pero a la que está obligado por ley y tradición. Y eso lo atormenta.

El protagonista indiscutible es Seizo Ikeda, pero considero que has creado unos personajes secundarios muy carismáticos. ¿Cómo trabajas en la creación de estos personajes para dotarlos de tanta autenticidad?

La verdad es que ha sido muy satisfactorio ver cómo los lectores se enamoran de mis personajes, en cada reseña se menciona a los secundarios, y es habitual que en las presentaciones y sesiones de firmas alguien me diga que su favorita es Yukie, o que quieren una historia propia para Asaemon o Kenzaburo. Pero lo cierto es que no sé explicar muy bien cómo he conseguido este efecto en los lectores. Sí te puedo decir que admiro a los autores con facilidad para escribir secundarios memorables, como Neil Gaiman o Naoki Urasawa, capaces de crear personajes muy potentes que, sin embargo, no se comen a los protagonistas. Tenía claro que yo también quería conseguir eso como escritor, y me esforcé mucho por darle una voz propia a cada uno de estos personajes, que tuvieran su propia historia detrás aunque no se mostrara explícitamente en el relato. Y que fueran atípicos, con emociones y aspiraciones vitales que no estuvieran supeditadas a la historia central.

Siempre me fijo en los personajes femeninos, no lo puedo evitar. La presencia masculina en el libro es mayoritaria y, aun así, hay mujeres con mucho peso que no cumplen con los tópicos. Dado que la Historia tiende a silenciarnos, ¿te ha costado más documentarte sobre el papel y la vida de las mujeres de este periodo?

Yo quería personajes femeninos fuertes y proactivos en mi novela, por el simple hecho de que me resultaría extraño escribir una historia que no los tuviera, pero me encontraba limitado por el papel de la mujer en la sociedad japonesa de la época, que era profundamente machista (como lo han sido casi todas las sociedades a lo largo de la historia, también la nuestra). Sin embargo, cuando comienzas a investigar descubres elementos interesantes, como el que todas las mujeres de casta samurái recibían entrenamiento marcial, aunque posteriormente se las supeditara al ámbito del hogar, o que existía el divorcio y la mujer podía solicitarlo si demostraba que su esposo era negligente. También es importante saber que existieron mujeres que escaparon a las restricciones que la tradición les imponía y marcaron un cambio social, como Izumi no Okuni, creadora del teatro kabuki (que en un principio era un arte exclusivamente femenino); o las onna-bugeisha como Tomoe Gozen, que no solo guerreó, sino que también dirigió a hombres en la batalla. Si bien eran excepciones, era todo lo que yo necesitaba para justificar, por ejemplo, la existencia en mi novela de un personaje como Yukie Endo, oficial de los ejércitos del clan Yamada.

Me sorprendió ver a una mujer ejercer la medicina. ¿O-Ine, mi personaje favorito, pudo existir de verdad?

Es complicado saberlo. Ciertamente, algunas de las mayores expertas en medicina tradicional kanpo eran sacerdotisas miko, pero la medicina “laica” era una profesión de hombres (aunque estos recurrieran al conocimiento que tenían muchas mujeres, por ejemplo, en el campo de la herbología). En el caso de O-Ine intento explicar las circunstancias excepcionales que la han llevado a esa posición, y las dificultades y sacrificios que debe hacer para mantenerla.

¿Planificas tus novelas al detalle o prefieres dejarte llevar por la historia y los personajes a medida que avanzas?

Las planifico de forma bastante exhaustiva. Antes de escribir la primera palabra ya tengo un borrador de toda la estructura de la novela, y aunque durante el proceso de escritura es inevitable cambiar cosas, el resultado final suele ser bastante similar a lo que ideé en un principio. Hay novelas donde puedes dejarte llevar por los acontecimientos, comenzar a escribir y ver adónde te lleva la historia, pero las que yo he escrito hasta la fecha juegan mucho con la interacción de las distintas tramas, con la forma en que la información está dosificada y con resoluciones que comienzan a trazarse desde las primeras páginas. Es imposible escribir eso sin una planificación previa. Al menos yo no podría.

Muchos escritores nos leen y seguro que les interesa conocer tu experiencia autopublicando y publicando después con una editorial. ¿Cuáles son los pros y los contras de cada opción? ¿Merece la pena enviar manuscritos a un sinfín de editoriales o hay que aprovechar la oportunidad que nos brindan las nuevas tecnologías y lanzarse a autopublicar?

Una cosa no descarta la otra. Yo creo que lo mejor es, una vez has escrito y pulido tu manuscrito, tomarse un tiempo para moverlo por los canales habituales de la industria: agentes literarios, editoriales, concursos… Pero si pasa el tiempo y no obtenemos respuesta, debemos saber que la autopublicación está ahí. Cada vez se autopublican mejores obras, en algunos casos, tan pulidas que podrían estar perfectamente en el catálogo de una editorial. Y cada vez más vemos que una obra que funciona como autopublicada acaba siendo fichada por una editorial.

He leído que preparas una nueva novela de intriga también ambientada en Japón, ¿nos hablas un poco sobre ella?

Es una novela ambientada en las misiones jesuitas en Japón, durante el periodo Sengoku (“periodo de los Estados en Guerra”). Pero que nadie espere una obra religiosa. Aunque uno de los temas que subyace es el choque entre la religiosidad espiritual japonesa y la concepción occidental del Dios único verdadero, volveremos a tener aventuras, batallas épicas, duelos a espada y un protagonista bastante atípico que deberá investigar una serie de misteriosos crímenes.

Japón engancha, ¿te ves escribiendo en otros escenarios y géneros próximamente o no estás dispuesto a dejar la katana y el pincel a un lado?

Creo que, de un modo u otro, seguiré escribiendo sobre Japón a lo largo de mi vida, pero tengo la necesidad de alternarlo con otras temáticas. Una novela es un proyecto muy largo y exigente, y cuando concluyes una, necesitas oxigenarte. Por ejemplo, cuando terminé El guerrero a la sombra del cerezo me embarqué en la escritura de Hijos del dios binario, un thriller que no tiene nada que ver con lo anterior en cuanto a temática y estilo narrativo. Pero como ves, ahora he vuelto a Japón.

¿Algún consejo para los escritores que intentamos acercar el Japón feudal a los occidentales?

Que piensen que las novelas no pueden tener un periodo histórico como protagonista. El eje de una novela es la historia que estamos contando y los personajes que la viven. Japón, Europa, la Tierra Media o el futuro son solo el trasfondo de esa historia. Si conseguimos atrapar a los lectores con nuestro relato, si logramos que empaticen con nuestros protagonistas, acabaran absorbidos por el mundo que estos personajes habitan sin darse cuenta. Pero nunca pongamos el contexto en primero plano, porque entonces perderemos a todos aquellos lectores a los que Japón no les interesa de manera innata.

Abres el shoji y, sentado en el tatami, un hombre ataviado con kimono y hakama te observa. Con un gesto, te invita a acomodarte frente a él para compartir un buen sake y una agradable conversación. Lo  miras a los ojos y lo reconoces, es Seizo Ikeda. ¿Qué le dirías?

Le preguntaría si aún le quedan aventuras por vivir. Alguna que yo pudiera contar, porque las buenas historias no abundan.

Habrá que tomar nota de los consejos de David B. Gil. Estoy segura de que si tenías dudas y no te animabas a leer El guerrero a la sombra del cerezo, ahora lo tendrás más claro. Muchas gracias por acompañarme una semana más en La sombra del kitsune. El blog estará un par de semanas de vacaciones y regresará el 12 abril con más literatura, cine, mitología y folclore de Japón. Suscríbete si no quieres perderte ninguna entrada. ¡Nos leemos!

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